Friday, May 26, 2017

Cambiar el chip (cómo no ser un ciclista histérico)

Moverse en bicicleta es una experiencia diferente, más amena, más pausada, más libre, en mayor sintonía con el ambiente por el que se transita.

El transporte público es encerrado, aburrido, apretado, en ocasiones claustrofóbico. La única opción es escapar mentalmente con un radio, un libro o algún juego en el teléfono móvil.

El vehículo particular es cómodo, práctico y veloz (cuando no hay trancón), pero es aislado, desconectado del resto del mundo y sobre todo, es hostil. A bordo de un automóvil es uno contra los demás, siempre tratando de llegar rápido sin chocar, sin dañar esa gran inversión que se deprecia con cada kilómetro aunque todavía se deba más dinero al banco del que el carro cuesta en realidad.

Y a esa hostilidad nos hemos acostumbrado tanto que es difícil cambiar la mentalidad en la calle, incluso cuando se va libre en la bici.

Constantemente me sucede que automáticamente me quedo mirando el semáforo vehicular, y cuando me doy cuenta el semáforo para ciclistas está ya pasando del verde al rojo otra vez y tengo que esperar un cambio más. O me siento frustrado porque el ciclista que va adelante alcanzó el semáforo en verde y yo no, y el instinto inmediato es el de acelerar y pasar también. Tal es la costumbre que se adquiere al manejar.

Más peligroso aún, es no estar al tanto de que en la bici se es más vulnerable que en el carro o en el bus, que en caso de una colisión no se está protegido por la burbuja de metal y plástico, si bien en muchos casos se tiene una mayor capacidad de maniobra para evitar que el conductor distraído con su celular te atropelle.

Pero ese sentido de superioridad que se tiene en el automóvil también se puede conservar en la bici, y la ira del camino se manifiesta ya no contra los usuarios más peligrosos de la calle, sino contra los más vulnerables.

Todos los días en la ciclorruta y en la calle me encuentro en la situación de tener que frenar o esquivar un peatón, y lo mismo le pasa a los demás ciclistas que van conmigo. La reacción que muchos toman, lo veo también todos los días, es reprimir verbalmente al peatón. Sal de la ciclorruta!, cuidado!, o expresiones mucho más agresivas alertan y asustan a peatones desprevenidos sobre su <<invasión>> al espacio que los ciclistas tanto hemos luchado por obtener, y se nos olvida que esto es igual de ofensivo que el pito del carro o bus que nos ensordece y pretende hacernos recordar que la calle es para ellos y no para todos. Y afortunadamente aquí casi nadie lleva campana en la bicicleta, aunque he visto uno que otro ciclista con un silbato en la boca, ojalá para alertar a los buses y no para reprender a los peatones.

A pesar de la celeridad que da la bici, parece que todavía no somos capaces de dejar a un lado el afán. Es como si fuera parte de nuestra cultura que a mayor velocidad potencial más derecho tenemos al espacio público, y todos los demás deben hacerse a un lado. Pasamos de ser conductores histéricos a ciclistas histéricos, aun cuando la bici nos libera de la mayoría de las frustraciones que genera conducir.

Siempre que esto sucede hago un esfuerzo por recordar que al ser el usuario más vulnerable, el peatón merece mi respeto, y que en mis frenos, mis pedales y mi habilidad para montar mi bici está también mi responsabilidad de ir sin afán, de ceder el paso o de esquivar al despistado sin necesidad de insultarle, directa o indirectamente por estar en mi camino.

Mi actitud es siempre tratar de ceder ante el peatón. Ser consciente de que al ser quien tiene una mayor capacidad de hacer daño, es mayor mi responsabilidad para evitar hacerlo. No importa si tengo que frenar completamente y bajar un pie o los dos al suelo. En la mayoría de los casos es posible disminuir un poco la velocidad y virar levemente para pasar por detrás, sin alterar significativamente el trayecto de ninguno de los dos. Se que esto no afectará notablemente mi tiempo de llegada, al fin y al cabo más adelante hay semáforos y cruces en los que de todos modos tendré que parar.

Considero que es entendible que en una sociedad donde la cultura de la bici apenas está naciendo, muchos todavía no se hayan acostumbrado a su presencia en las calles. Todos crecimos en una cultura de reverencia y respeto al vehículo particular, y esto apenas empieza a cambiar. La ciclorruta es una intervención en el urbanismo para proteger al ciclista del tráfico motorizado y animarle a salir a la calle, no es una autopista para que las bicicletas vayan a toda velocidad libres de obstáculos.

Esta mentalidad genera incluso recelo contra los ciclistas al ser percibidos como igual de agresivos y peligrosos que los autos y las motos, incluso si en una colisión con un peatón el daño potencial es mucho menor, pero la actitud cuenta mucho en la forma como nos miran los demás. Es por esto que en ciudades como Bogotá, que ha avanzado mucho más en infraestructura ciclista, hay quienes proponen que la ciclorruta sea separada de la acera para proteger al peatón, así como se la separó de la calle para proteger al ciclista, y probablemente en Medellín hay muchos que piensan igual.

Sin embargo no es mejor unir que segregar?

Es mejor ir sin tanto afán y disfrutar del paseo, del paisaje, de la gente y de la ciudad. La bici debe reducir el estrés, no aumentarlo.

2 comments:

  1. Una buena reflexión. En mi caso, cuando uso la campanita no lo hago con el afán de reprender al peatón (con los carros atravesados o imprudentes es otro cuento), sólo la uso cuando me dan la espalda, para avisarles que voy a pasar y evitar que hagan un movimiento inesperado que nos ponga en peligro a ambos. De igual forma, bajo la velocidad al máximo y paso con cuidado por un ladito. Hay que entender que todos somos peatones, así estemos montados en una bicicleta, una moto o un carro.

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    1. Gracias Melissa por tu comentario! ojalá muchos más piensen como tú.

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